Durante un corte de electricidad, muchas personas piensan primero en la luz, el teléfono y el refrigerador. Sin embargo, para quienes necesitan insulina, determinados colirios, antibióticos líquidos, medicamentos biológicos u otros fármacos que requieren refrigeración, la falta de frío puede convertirse rápidamente en un riesgo para la salud. Por eso, todo hogar donde se utilicen estos productos debe tener un plan para conservarlos.
Primero revisa el prospecto y pregunta en la farmacia, al médico o al fabricante cuál es el rango de temperatura permitido. No todos los medicamentos deben mantenerse permanentemente entre dos y ocho grados Celsius. Algunos pueden conservarse a temperatura ambiente después de abrirse o durante un periodo limitado. Ese plazo cambia según el producto. No confíes en una cifra general y nunca modifiques por tu cuenta la dosis ni sustituyas el medicamento.
Prepara una pequeña bolsa térmica o nevera portátil. Incluye acumuladores de gel congelados, una toalla limpia u otra capa separadora, un termómetro lo más preciso posible y una lista con el nombre del medicamento, la dosis, las instrucciones de almacenamiento y los contactos de la farmacia, el médico y el fabricante. No coloques el medicamento directamente sobre hielo ni sobre un acumulador congelado. El frío excesivo puede dañarlo tanto como el calor. La insulina, en particular, no debe congelarse; si se ha congelado, no debe utilizarse.
Etiqueta claramente la bolsa térmica y guárdala donde todos los adultos del hogar puedan encontrarla rápidamente. Revisa con regularidad los acumuladores y el termómetro. Si utilizas una nevera eléctrica para medicamentos, comprueba de antemano cuánto tiempo funciona con una estación de energía o con la toma del vehículo. Un aparato no probado todavía no es un plan de emergencia. Conserva también en papel una copia de la receta, el plan de medicación y los teléfonos importantes, porque internet y la red móvil pueden fallar.
Cuando se vaya la electricidad, mantén cerrada la puerta del refrigerador al principio. Ábrela solo cuando realmente debas sacar o revisar el medicamento. Anota la hora de inicio del corte. Si la interrupción se prolonga, pasa el medicamento a la bolsa preparada, separado de los acumuladores congelados. Controla la temperatura regularmente sin abrir la bolsa a cada momento. Evita el sol directo, un vehículo caliente, los alféizares y la cercanía de cocinas o quemadores.
Planifica además un segundo lugar seguro: vecinos con energía de respaldo, una farmacia, consulta médica, clínica, puesto de ayuda o edificio público con suministro eléctrico seguro. Acláralo antes de la emergencia. Para cortes largos también puede servir una fuente de energía de respaldo adecuada y utilizada con seguridad. Los generadores nunca deben funcionar dentro de viviendas, garajes ni espacios cerrados debido al monóxido de carbono.
Cuando vuelva la electricidad, no adivines si el producto todavía sirve. Registra cuánto tiempo estuvo almacenado y a qué temperaturas, y consulta a la farmacia, al médico o al fabricante. Los CDC recomiendan, en general, sustituir los medicamentos refrigerados después de un corte de un día o más, salvo que la etiqueta indique otra cosa. Si un medicamento indispensable para mantener la vida no puede reemplazarse de inmediato, los CDC señalan que solo debe seguir utilizándose hasta conseguir otro. Para la insulina se aplican reglas específicas de cada producto; la FDA indica que muchas insulinas pueden mantenerse durante un tiempo limitado a temperatura ambiente, pero deben protegerse del calor, el sol y la congelación.
Importante: Este consejo no sustituye una consulta médica individual. La etiqueta, el prospecto y las indicaciones del médico, la farmacia o el fabricante tienen siempre prioridad.
Fuentes: CDC, Refrigerated Drugs; CDC, Managing Insulin in an Emergency; CDC, Prescriptions; FDA, Information Regarding Insulin Storage and Switching Between Products in an Emergency.
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