Cuba volvió a quedar completamente a oscuras: la red eléctrica nacional colapsó a última hora del domingo 2 de agosto de 2026. Cerca de diez millones de personas se quedaron de repente sin servicio eléctrico regular. De acuerdo con el operador estatal Unión Eléctrica de Cuba, ocurrió una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional. Al principio no se informó una causa técnica específica.
El momento no podía ser peor. Apenas unas horas antes se había restablecido la electricidad en varias zonas del oeste del país, incluida La Habana, después de una falla regional. Entonces llegó el siguiente golpe. En muy poco tiempo volvieron a apagarse las luces, los aires acondicionados, los equipos de refrigeración y muchas conexiones de comunicación. Con el calor tropical del verano, cada nueva interrupción se convierte en una prueba muy dura para la población.
Este nuevo colapso no es un caso aislado. Cuba ya había sufrido tres apagones nacionales durante julio. Cada vez queda más claro lo inestable que se ha vuelto el sistema eléctrico. Muchas plantas son antiguas, faltan refacciones y el combustible disponible no alcanza para cubrir la demanda de manera confiable. Aunque algunas líneas y unidades generadoras regresen al sistema, la red sigue expuesta a nuevas fallas y efectos en cadena.
Para la gente, el apagón significa mucho más que casas sin luz. Los refrigeradores y congeladores dejan de funcionar, los alimentos se echan a perder más rápido, las bombas de agua pueden detenerse y cargar los celulares se convierte en un problema. Tiendas, talleres y pequeños negocios pierden ingresos, mientras hospitales y otros servicios esenciales dependen de generadores de emergencia. Pero esos equipos solo ayudan mientras haya suficiente combustible.
También aumenta el peligro en las calles. Los semáforos pueden dejar de funcionar, el alumbrado público permanece apagado y el transporte, que ya trabaja bajo mucha presión, enfrenta más dificultades. Las familias tratan de ahorrar la batería restante de sus teléfonos, almacenar agua y cocinar antes de que los alimentos se pierdan. Quien no tiene generador, sistema solar o una batería portátil cargada depende casi por completo de la rapidez de las reparaciones.
La crisis energética se agrava por la fuerte escasez de combustible importado. Venezuela fue durante años uno de los principales proveedores de petróleo de Cuba, pero esos envíos han caído considerablemente. Las importaciones desde México también se detuvieron recientemente. Al mismo tiempo, las sanciones de Estados Unidos y la presión política dificultan la compra de combustible, refacciones y tecnología moderna. El Gobierno cubano culpa principalmente a Washington. Los críticos también señalan décadas de inversiones aplazadas y el mal estado técnico de muchas instalaciones.
El lunes por la mañana todavía no estaba claro qué tan rápido podría estabilizarse la red nacional. Después de un colapso total, los técnicos suelen crear pequeñas redes aisladas, encender las plantas paso a paso y dar prioridad a hospitales, sistemas de agua y comunicaciones. Este llamado arranque en negro es complicado: la generación y el consumo deben mantenerse exactamente equilibrados en todo momento. Un solo error puede retrasar otra vez la recuperación.
Por eso, reconectar la red con éxito tampoco significa que el servicio haya vuelto a la normalidad. Tras colapsos anteriores, la electricidad regresó poco a poco y algunas regiones continuaron soportando apagones prolongados. La crisis actual demuestra que reparar una línea o encender una unidad generadora no resuelve el problema principal: todo el sistema carece de reservas suficientes.
Cuba comienza así otro día marcado por el calor, la oscuridad y la incertidumbre. La pregunta decisiva ya no es solamente cuándo regresará la electricidad. Cada vez más personas se preguntan cuánto tiempo puede resistir una red que vuelve a colapsar completamente en cuestión de pocas semanas.
Fuente: Reuters, 3 de agosto de 2026.
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03.08.2026
Cuba queda a oscuras otra vez tras colapsar toda la red eléctrica
Cuba enfrenta otro apagón nacional. Cerca de diez millones de personas están afectadas mientras la falta de combustible, las plantas envejecidas y la ausencia de reservas llevan el sistema al límite.